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Los tiempos que corren, y que corren más de lo que a muchos nos gustaría, nos han ido obligando poco a poco a cambiar nuestras milenarias costumbres alimenticias. Durante cientos de años el tiempo ha ido a un ritmo natural y sosegado, sin prisa pero sin pausa, y no era un bien escaso. Sin embargo todo eso quedó ya muy atrás y, quien hoy en día tiene hora y media para comer, se puede decir que tiene un tesoro.

La velocidad y el ritmo al que vivimos nos han impuesto un estresante modo de vida, imparable desde hace más de 70 años, que ha propiciado la implantación de diferentes formas de comer sin tener que desperdiciar nuestro preciado y caro tiempo en cocinar. Básicamente en nuestra sociedad se han popularizado dos maneras de alimentarnos rápido y sin manchar: por un lado el fastfood, o comida rápida en restaurantes, y por otro los alimentos precocinados o preasados.

La calidad de los alimentos preasados, a la altura de los recién cocinados

De la comida rápida hablaremos en otro momento porque hoy nos centraremos en los alimentos preasados. ¿Son igual de buenos que recién hechos? ¿la comida preasada y envasada al vacío mantiene su sabor y todas sus propiedades?. Las respuesta es sencilla: depende. ¿Y de qué depende?. Pues de la calidad del producto, de su manufactura y su conservación. Si todo lo anterior se cumple, tenemos un producto preasado listo para comer con la misma calidad y propiedades que recién cocinado.

Sabemos de las dudas sobre la salud que levantan en ciertas personas los alimentos precocinados, pero en su mayoría son totalmente infundadas, o cuanto menos, no aplicables a la gran mayoría de alimentos preasados, entre los que por ejemplo se encuentra el cabrito lechal elaborado por Chivo de Canillas, un producto que puede estar 90 días envasado sin perder ninguna de sus propiedades, ni sabor, ni olor ni textura.

Para consumir este tipo de alimentos, normalmente basta con calentar unos minutos en el horno, durante el tiempo que aconseje el fabricante, dependiendo de si el producto es congelado, está en conserva o envasado herméticamente al vacío. Dentro de la gama de productos envasados al vacío, existen distintas técnicas de elaboración, pre-envasado o post-envasado. Las más novedosas como las técnicas de cocina al vacío (pre-envasado), en la cúal el alimento se introduce en la bolsa en crudo y se cocina dentro de la bolsa, utilizando generalmente hornos de vapor, o sin embargo, utilizando técnicas de cocina tradicional, como realiza Chivo de Canillas, los cuáles utilizan hornos de leña y cocinan el cabrito de forma artesanal en bandejas de latón, para una vez el producto esté cocinado, envasarlo al vacío para su conservación (post-envasado).

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Este tipo de alimentación en nuestros días supone casi un 45% del consumo diario de los hogares españoles, según la OCU. Son alimentos seguros y de gran calidad que pueden introducirse en nuestras dietas semanales sin ningún tipo de problema para la salud.

Una de las desventajas que históricamente se han achacado a la comida preasada es que es difícil conocer la composición exacta de sus ingredientes. Hoy en día todos los alimentos en general, y los precocinados en particular, pasan estrictos controles sanitarios que garantizan la máxima calidad del producto. Para comprobar que los ingredientes son los correctos, es fundamental prestar atención a las etiquetas, donde aparece toda la información necesaria para el consumidor como el origen del producto, los ingredientes, las fechas de envasado y de consumo preferente, o el número de calorías por ración entre otros.

Las técnicas actuales permiten cocinar, manipular y conservar los alimentos preasados durante varias semanas, incluso meses, sin alterar la calidad original del producto.

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